Espacio de sueños y resistencia, de palabras y acciones que buscan construir una sociedad mejor.
lunes, 19 de julio de 2010
martes, 6 de julio de 2010
Presentación de Martha Fajardo sobre el libro El arte del cuento
El arte del cuento, de Betuel Bonilla Rojas
Por: Martha Fajardo (Directora Taller Renata Ibagué)
El pasado 11 de junio se celebró el lanzamiento del libro El arte del cuento del escritor Betuel Bonilla Rojas. Estas son las palabras de presentación del libro que estuvieron a cargo de Martha Fajardo Valbuena
Quiero comenzar confesando que, contrario a lo que es tradicional fui yo quien pidió hacer la presentación de este libro.
Tengo dos razones fundamentales:
La primera de orden subjetivo porque en una presentación se puede hablar en términos elogiosos y afectivos y, de vez en cuando es bueno hacer estos reconocimientos públicos de amistad.
La segunda porque hay libros que nos resultan tan útiles e interesantes que no podemos resistir la tentación de reseñarlos.
Para cumplir la primera parte diré que Betuel Bonilla es el director del taller RENATA-Huila y de la revista Letras Calientes. Él es escritor de profesión y oficio, lo que quiere decir que utiliza la escritura para resolver la mayoría de sus problemas, desde los más cotidianos hasta los más sublimes. Por eso no es raro encontrarlo escribiendo para los periódicos locales de Neiva o leer sus mini cuentos tan premiados y reconocidos por fuera del país o ir a su taller y verlo trabajar con su grupo alrededor de las narraciones de RENATA. En Betuel se resumen tres palabras : crítico, escritor y maestro.
Y esas tres palabras también se condensan en su libro El arte del cuento. Hace un mes tuvimos la visita del escritor Fernando Quiroz y creo que hay una pregunta memorable que nos dejó su charla : ¿Ustedes quieren ser escritores o quieren escribir?. A primera vista no hay diferencia, pero si uno deja pasar unas horas comprende que sí, que es diferente querer ser escritor a querer escribir. El libro de Betuel es para personas que quieren escribir. Bien lo dice Pablo Ramos en la entrevista que está dentro del libro: “Somos hombres, vivenciamos algo, luego tenemos una idea, luego vivenciamos la idea, luego tratamos de olvidarla, de seguir contemplando el mundo en paz, de no movernos. Sólo cuando esa idea ya es insoportable, sólo ahí un buen escritor decide escribir un cuento”.
En el momento en el que nos decidimos a escribir un cuento nos encontramos con problemas y preguntas. Algunas de estas son milenarias. Cada ser humano que se enfrenta a la tarea de escribir se pregunta por dónde comenzar, qué forma darle al relato, cómo mostrar y ocultar la información, se pregunta si ya alguien habrá escrito algo similar, si valdrá la pena hacer el intento. A partir de esas preguntas y esos problemas Betuel construye su libro y lo hace de un modo sencillo, aunque a veces se le escapa el lenguaje formal, su inclinación a las palabras grandes.
El libro El arte del cuento es producto de la reflexión de un crítico, un escritor y un maestro, es por eso que como lectora, como directora de un taller de escritura creativa y como profesora me resulta un libro útil. Ya en varias de nuestras sesiones hemos recurrido a las herramientas técnicas organizadas por Betuel en tres muy bien definidos capítulos.
En el primer capítulo, titulado "La voz de los nuevos escritores" Betuel nos presenta una serie de recursos para el escritor, las preguntas fundamentales, lo básico que debe contemplar un narrador está allí, con teoría y ejercicios que son el producto del quehacer en su taller de Neiva y que resultan un trabajo de sistematización y de generosidad valioso en un país en el que los que enseñan guardan sus saberes bajo llave y no los comparten con nadie. Los profesores y los jóvenes escritores encuentran en esta herramienta una gran ayuda para desarrollar ideas e incluso nuevos ejercicios
En el segundo capítulo “La voz de los teóricos” hay un panorama riquísimo de voces sobre el cuento. En él encontramos desde la perspectiva clásica de Piglia hasta voces mas renovadoras como la de Laura Massolo. Un capítulo muy importante para todos los que necesitamos crear una visión propia de los que es un cuento, de lo que significa comprometerse con un género como este. El valor del trabajo compilador de este capítulo es la diversidad de posturas, la aparente contradicción que confunde pero enamora.
El tercer y último capítulo "La voz de los maestros, cuestionario para grandes cuentistas", además de divertido permite al lector entrar en conversación con escritores como Pilar Quintana, Pablo Ramos, Sebastián Dozo, el mediático dueño de Ciudad Seva, Luis Lopez Nieves, Hugo Chaparro que con su definición de las musas contemporáneas nos pone en situación: “La inspiración es la transpiración llevada al extremo”. En este capítulo encontramos consejos que van desde los rituales reescritura, los modos de obtener la disciplina y la paciencia para escribir hasta las lecturas recomendadas y unos decálogos que incluyen consejos como :"No creo en un escritor que no corrige al menos 30 veces una historia, es un vago o un farsante”, “En un buen cuento siempre hay algún tipo de revelación. Lo que se revela no es la solución, sino la existencia del misterio. Si no se revela nada entonces es una anécdota” “No estarás allí para explicarle al lector lo que quisiste decir cuando no lo entienda. Si tus códigos resultan muy herméticos, el cuento se volverá confuso.”
Otro consejo reiterado en el libro es la brevedad. Por eso Betuel y amigos termino aquí invitándolos a conocer este libro y a añadir sus propios descubrimientos
Tengo dos razones fundamentales:
La primera de orden subjetivo porque en una presentación se puede hablar en términos elogiosos y afectivos y, de vez en cuando es bueno hacer estos reconocimientos públicos de amistad.
La segunda porque hay libros que nos resultan tan útiles e interesantes que no podemos resistir la tentación de reseñarlos.
Para cumplir la primera parte diré que Betuel Bonilla es el director del taller RENATA-Huila y de la revista Letras Calientes. Él es escritor de profesión y oficio, lo que quiere decir que utiliza la escritura para resolver la mayoría de sus problemas, desde los más cotidianos hasta los más sublimes. Por eso no es raro encontrarlo escribiendo para los periódicos locales de Neiva o leer sus mini cuentos tan premiados y reconocidos por fuera del país o ir a su taller y verlo trabajar con su grupo alrededor de las narraciones de RENATA. En Betuel se resumen tres palabras : crítico, escritor y maestro.
Y esas tres palabras también se condensan en su libro El arte del cuento. Hace un mes tuvimos la visita del escritor Fernando Quiroz y creo que hay una pregunta memorable que nos dejó su charla : ¿Ustedes quieren ser escritores o quieren escribir?. A primera vista no hay diferencia, pero si uno deja pasar unas horas comprende que sí, que es diferente querer ser escritor a querer escribir. El libro de Betuel es para personas que quieren escribir. Bien lo dice Pablo Ramos en la entrevista que está dentro del libro: “Somos hombres, vivenciamos algo, luego tenemos una idea, luego vivenciamos la idea, luego tratamos de olvidarla, de seguir contemplando el mundo en paz, de no movernos. Sólo cuando esa idea ya es insoportable, sólo ahí un buen escritor decide escribir un cuento”.
En el momento en el que nos decidimos a escribir un cuento nos encontramos con problemas y preguntas. Algunas de estas son milenarias. Cada ser humano que se enfrenta a la tarea de escribir se pregunta por dónde comenzar, qué forma darle al relato, cómo mostrar y ocultar la información, se pregunta si ya alguien habrá escrito algo similar, si valdrá la pena hacer el intento. A partir de esas preguntas y esos problemas Betuel construye su libro y lo hace de un modo sencillo, aunque a veces se le escapa el lenguaje formal, su inclinación a las palabras grandes.
El libro El arte del cuento es producto de la reflexión de un crítico, un escritor y un maestro, es por eso que como lectora, como directora de un taller de escritura creativa y como profesora me resulta un libro útil. Ya en varias de nuestras sesiones hemos recurrido a las herramientas técnicas organizadas por Betuel en tres muy bien definidos capítulos.
En el primer capítulo, titulado "La voz de los nuevos escritores" Betuel nos presenta una serie de recursos para el escritor, las preguntas fundamentales, lo básico que debe contemplar un narrador está allí, con teoría y ejercicios que son el producto del quehacer en su taller de Neiva y que resultan un trabajo de sistematización y de generosidad valioso en un país en el que los que enseñan guardan sus saberes bajo llave y no los comparten con nadie. Los profesores y los jóvenes escritores encuentran en esta herramienta una gran ayuda para desarrollar ideas e incluso nuevos ejercicios
En el segundo capítulo “La voz de los teóricos” hay un panorama riquísimo de voces sobre el cuento. En él encontramos desde la perspectiva clásica de Piglia hasta voces mas renovadoras como la de Laura Massolo. Un capítulo muy importante para todos los que necesitamos crear una visión propia de los que es un cuento, de lo que significa comprometerse con un género como este. El valor del trabajo compilador de este capítulo es la diversidad de posturas, la aparente contradicción que confunde pero enamora.
El tercer y último capítulo "La voz de los maestros, cuestionario para grandes cuentistas", además de divertido permite al lector entrar en conversación con escritores como Pilar Quintana, Pablo Ramos, Sebastián Dozo, el mediático dueño de Ciudad Seva, Luis Lopez Nieves, Hugo Chaparro que con su definición de las musas contemporáneas nos pone en situación: “La inspiración es la transpiración llevada al extremo”. En este capítulo encontramos consejos que van desde los rituales reescritura, los modos de obtener la disciplina y la paciencia para escribir hasta las lecturas recomendadas y unos decálogos que incluyen consejos como :"No creo en un escritor que no corrige al menos 30 veces una historia, es un vago o un farsante”, “En un buen cuento siempre hay algún tipo de revelación. Lo que se revela no es la solución, sino la existencia del misterio. Si no se revela nada entonces es una anécdota” “No estarás allí para explicarle al lector lo que quisiste decir cuando no lo entienda. Si tus códigos resultan muy herméticos, el cuento se volverá confuso.”
Otro consejo reiterado en el libro es la brevedad. Por eso Betuel y amigos termino aquí invitándolos a conocer este libro y a añadir sus propios descubrimientos
martes, 29 de junio de 2010
lunes, 15 de marzo de 2010
Elecciones parlamentarias 2010 en el Huila: El triunfo de las maquinarias
Por: Betuel Bonilla Rojas
Todavía con algunas dudas por la ineficiencia de la Registraduría Nacional en el conteo de votos, el departamento del Huila alcanza cinco curules en el Senado y dos en la Cámara de Representantes.
En realidad, el único hecho de destacar, en materia electoral, es que el gran perdedor fue el voto de opinión, ése que funda verdadera democracia. Por supuesto, al perder el voto de opinión, gana, por simple oposición, el voto de promesa, aquel que surge de las maquinarias poderosas, los nuevos carteles. Como ya los políticos no acuden a la plaza pública para dar a conocer sus programas, entre otras cosas porque ni los tienen, ni saben hablar, entonces se acude a la promesa, no importa su alcance y su improbable cumplimiento. Las razones del electorado, en la mayoría de los casos, comprometen no tanto la futura salud del país, el llamado interés colectivo, sino la tranquilidad inmediata de algún pariente desempleado, de algún hijo en procura de becas, de alguna casita con tejas de zinc con la que se sueña. Y en esto las maquinarias son expertas. Sus portafolios políticos ya no son programas sesudos, pensados de cara al país, sino guías turísticas para que los electores escojan allí el lugar paradisíaco a donde quieran viajar luego de las elecciones. Muchos electores se quedarán con la maleta hecha, dirán que no vuelven a creer en la política y en cuatro años volverán a confiar en alguien, porque las ilusiones y las necesidades no dan espera.
En el Huila no triunfó la democracia, triunfaron los caciques falaces de siempre, los que se esconden de sus electores una vez alcanzan la curul. La única renovación visible, muy seguramente, será la del nuevo carro que compren los caciques para exhibir su triunfo fantoche. Y el Huila seguirá esperando por políticos de verdad, seguirá pensando que en eso de las elecciones lo único claro es que el pueblo siempre pierde.
Todavía con algunas dudas por la ineficiencia de la Registraduría Nacional en el conteo de votos, el departamento del Huila alcanza cinco curules en el Senado y dos en la Cámara de Representantes.
En realidad, el único hecho de destacar, en materia electoral, es que el gran perdedor fue el voto de opinión, ése que funda verdadera democracia. Por supuesto, al perder el voto de opinión, gana, por simple oposición, el voto de promesa, aquel que surge de las maquinarias poderosas, los nuevos carteles. Como ya los políticos no acuden a la plaza pública para dar a conocer sus programas, entre otras cosas porque ni los tienen, ni saben hablar, entonces se acude a la promesa, no importa su alcance y su improbable cumplimiento. Las razones del electorado, en la mayoría de los casos, comprometen no tanto la futura salud del país, el llamado interés colectivo, sino la tranquilidad inmediata de algún pariente desempleado, de algún hijo en procura de becas, de alguna casita con tejas de zinc con la que se sueña. Y en esto las maquinarias son expertas. Sus portafolios políticos ya no son programas sesudos, pensados de cara al país, sino guías turísticas para que los electores escojan allí el lugar paradisíaco a donde quieran viajar luego de las elecciones. Muchos electores se quedarán con la maleta hecha, dirán que no vuelven a creer en la política y en cuatro años volverán a confiar en alguien, porque las ilusiones y las necesidades no dan espera.
En el Huila no triunfó la democracia, triunfaron los caciques falaces de siempre, los que se esconden de sus electores una vez alcanzan la curul. La única renovación visible, muy seguramente, será la del nuevo carro que compren los caciques para exhibir su triunfo fantoche. Y el Huila seguirá esperando por políticos de verdad, seguirá pensando que en eso de las elecciones lo único claro es que el pueblo siempre pierde.
jueves, 11 de marzo de 2010
domingo, 7 de marzo de 2010
Nota sobre El arte del cuento (Laura Massolo, premio Internacional de Cuento Juan Rulfo)
Betuel, el libro prometía ser bueno por todo lo que contabas, pero tenerlo en mis manos ha superado cualquier expectativa.
Tardé en ir a buscarlo a Capital porque, en estos último tiempos del verano, mi casa en provincia absorbió todas mis horas. Ha nacido mi segundo nieto, me han instalado un nuevo sistema de agua, etc.
Lo voy leyendo despacito, aunque el primer día casi lo devoré con los ojos. Cada tramo es una maravilla; tu texto, clarísimo y sumamente informativo; el ordenamiento, excelente; la edición, cuidadísima y con una estética ideal. Me asombra comprobar cuánto coincidimos los que vos, tan generosamente, llamás maestros y, a la vez, puedo ver cómo, entre todos, aportamos una diversidad de ideas, experiencias y consejos.
No tengo más que palabras ponderativas y, además, quiero felicitarte por esta iniciativa. Afirmo que un libro como el tuyo favorecerá el crecimiento de muchos escritores.
Me siento muy halagada por que me hayas dado tanta participación en él. Más que halagada, honrada. Gracias, muchas gracias, por haber leído mis cuentos y por comentarlos y por creer en mis palabras.
Te debo todavía el envío del mío. Vas a ver que tienen algunas cosas en común y que, también, Armar un cuento surgió de la experiencia en los talleres. Vos y yo sabemos que esta experiencia puede capitalizarse sólo a fuerza de trabajo y de cariño.
Le he dado tu correo a un escritor colombiano para que se haga de tu libro. Se llama Carlos Ospina Munera.
No sé qué más decirte porque, como el libro, también me supera la alegría de que nos hayamos encontrado en este universo de la creación comunicada.
Sé que El arte del cuento sella para siempre una hermosa amistad.
Un muy muy fuerte abrazo
Laura
Tardé en ir a buscarlo a Capital porque, en estos último tiempos del verano, mi casa en provincia absorbió todas mis horas. Ha nacido mi segundo nieto, me han instalado un nuevo sistema de agua, etc.
Lo voy leyendo despacito, aunque el primer día casi lo devoré con los ojos. Cada tramo es una maravilla; tu texto, clarísimo y sumamente informativo; el ordenamiento, excelente; la edición, cuidadísima y con una estética ideal. Me asombra comprobar cuánto coincidimos los que vos, tan generosamente, llamás maestros y, a la vez, puedo ver cómo, entre todos, aportamos una diversidad de ideas, experiencias y consejos.
No tengo más que palabras ponderativas y, además, quiero felicitarte por esta iniciativa. Afirmo que un libro como el tuyo favorecerá el crecimiento de muchos escritores.
Me siento muy halagada por que me hayas dado tanta participación en él. Más que halagada, honrada. Gracias, muchas gracias, por haber leído mis cuentos y por comentarlos y por creer en mis palabras.
Te debo todavía el envío del mío. Vas a ver que tienen algunas cosas en común y que, también, Armar un cuento surgió de la experiencia en los talleres. Vos y yo sabemos que esta experiencia puede capitalizarse sólo a fuerza de trabajo y de cariño.
Le he dado tu correo a un escritor colombiano para que se haga de tu libro. Se llama Carlos Ospina Munera.
No sé qué más decirte porque, como el libro, también me supera la alegría de que nos hayamos encontrado en este universo de la creación comunicada.
Sé que El arte del cuento sella para siempre una hermosa amistad.
Un muy muy fuerte abrazo
Laura
viernes, 11 de diciembre de 2009
martes, 24 de noviembre de 2009
Tectónica
Betuel Bonilla Rojas
Mi hijo tiene 14 años y baila tectónica. Él es apenas uno entre cientos, quizás miles, de jóvenes neivanos a los que atrae esa música delirante y esos pasos pintorescos que uno no entiende pero que disfruta desde la distancia. Supongo que su fervor es parecido al que nosotros experimentamos oyendo al grupo Menudo, o bailando el rock and roll de Presley y Travolta. El pecado de estos jóvenes es similar a los nuestros cuando teníamos su edad. No obstante, por sólo bailar, por sólo usar pantalones de colores, ya portan con el estigma de personas y grupos intolerantes. Baste mencionar, por ejemplo, la manera ultrajante y desmedida con la que son tratados por los celadores del Centro Comercial San Pedro Plaza. Ellos dicen que reciben órdenes de la Administración, y yo les creo. Supongo que los vigilantes también bailaron boleros, también se entusiasmaron con la canción y el peinado de moda. Creo, en cambio, que la Administradora de dicho Centro Comercial, Cielo Ortiz, olvidó sus años mozos, que sus nostalgias vienen de tan lejos que ahora le repugna ver la euforia de la juventud en los demás. Eso es fascismo puro, exclusión injustificada, atropello contra los otros.
Mi hijo tiene 14 años y baila tectónica. Él es apenas uno entre cientos, quizás miles, de jóvenes neivanos a los que atrae esa música delirante y esos pasos pintorescos que uno no entiende pero que disfruta desde la distancia. Supongo que su fervor es parecido al que nosotros experimentamos oyendo al grupo Menudo, o bailando el rock and roll de Presley y Travolta. El pecado de estos jóvenes es similar a los nuestros cuando teníamos su edad. No obstante, por sólo bailar, por sólo usar pantalones de colores, ya portan con el estigma de personas y grupos intolerantes. Baste mencionar, por ejemplo, la manera ultrajante y desmedida con la que son tratados por los celadores del Centro Comercial San Pedro Plaza. Ellos dicen que reciben órdenes de la Administración, y yo les creo. Supongo que los vigilantes también bailaron boleros, también se entusiasmaron con la canción y el peinado de moda. Creo, en cambio, que la Administradora de dicho Centro Comercial, Cielo Ortiz, olvidó sus años mozos, que sus nostalgias vienen de tan lejos que ahora le repugna ver la euforia de la juventud en los demás. Eso es fascismo puro, exclusión injustificada, atropello contra los otros.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Civilización y barbarie en Neiva
Betuel Bonilla Rojas
Cierto automatismo, cierta falta de decencia, cierto olor a ética de ciudad grande se siente en Neiva. Hace rato que Neiva dejó de ser la parroquia de veinte casas para hacer el tránsito, no siempre beneficioso, hacia una ciudad intermedia. Y esto se nota en el recelo de la gente, en la poca solidaridad que reina entre los transeúntes, en la escasa cordialidad que mora entre quienes transitan a pie, o en carro, o a caballo. Como en las ciudades grandes, en Neiva lo mejor es desconfiar de quien camina a nuestro lado, del taxi que tomamos, del dulce que nos ofrece nuestra compañera de silla. Billetes falsos, aromas deliberadamente almibarados y dulces untados de infierno rondan en cualquier esquina. En Neiva la muerte es ese algo que nos puede estar esperando en el sitio menos previsto, bajo la apariencia de una bomba, de un indigente que amaneció indispuesto o de un ladrón molesto porque sólo halló el dinero del colectivo en nuestra lamentable billetera. Del pueblo queda sólo el caciquismo, el político inescrupuloso que maneja la ciudad como si él fuera un mayordomo y los habitantes el ganado que hay que guardar después de las seis de la tarde.
Cierto automatismo, cierta falta de decencia, cierto olor a ética de ciudad grande se siente en Neiva. Hace rato que Neiva dejó de ser la parroquia de veinte casas para hacer el tránsito, no siempre beneficioso, hacia una ciudad intermedia. Y esto se nota en el recelo de la gente, en la poca solidaridad que reina entre los transeúntes, en la escasa cordialidad que mora entre quienes transitan a pie, o en carro, o a caballo. Como en las ciudades grandes, en Neiva lo mejor es desconfiar de quien camina a nuestro lado, del taxi que tomamos, del dulce que nos ofrece nuestra compañera de silla. Billetes falsos, aromas deliberadamente almibarados y dulces untados de infierno rondan en cualquier esquina. En Neiva la muerte es ese algo que nos puede estar esperando en el sitio menos previsto, bajo la apariencia de una bomba, de un indigente que amaneció indispuesto o de un ladrón molesto porque sólo halló el dinero del colectivo en nuestra lamentable billetera. Del pueblo queda sólo el caciquismo, el político inescrupuloso que maneja la ciudad como si él fuera un mayordomo y los habitantes el ganado que hay que guardar después de las seis de la tarde.
miércoles, 11 de noviembre de 2009
Acto de contrición
Betuel Bonilla Rojas
Hoy he decidido, políticamente, hacer un acto de contrición. Nunca, pero lo que se dice nunca, pensaré en el Polo Democrático Alternativo como una opción válida para el poder mientras siga siendo representado por politiqueros tradicionales, peores que los de la derecha, como el Diputado Dilberto Trujillo. Si alguien cree que Dilberto representa a la izquierda, a los principios y las necesidades del pueblo, entonces el atroz Jaime Bayly resultaría ser una reencarnación de Ho Chi Minh. Tampoco volveré a creer, ingenuamente, que por el simple hecho de haber tenido un roce con la cultura, políticos como Raúl Rivera encarnen la defensa de la misma, ésa con la cual consiguieron los votos suficientes, entre ellos el mío, para codearse con los otros políticos y olvidarse de sus promesas. Creo que en adelante votaré menos por los partidos y por las ideas que representan y más por la mirada de los políticos, por sus programas, así los manden al traste apenas suban y me toque hacer un nuevo acto de arrepentimiento. Apostilla: Felicitaciones por el V Encuentro Departamental de la Cultura.
Hoy he decidido, políticamente, hacer un acto de contrición. Nunca, pero lo que se dice nunca, pensaré en el Polo Democrático Alternativo como una opción válida para el poder mientras siga siendo representado por politiqueros tradicionales, peores que los de la derecha, como el Diputado Dilberto Trujillo. Si alguien cree que Dilberto representa a la izquierda, a los principios y las necesidades del pueblo, entonces el atroz Jaime Bayly resultaría ser una reencarnación de Ho Chi Minh. Tampoco volveré a creer, ingenuamente, que por el simple hecho de haber tenido un roce con la cultura, políticos como Raúl Rivera encarnen la defensa de la misma, ésa con la cual consiguieron los votos suficientes, entre ellos el mío, para codearse con los otros políticos y olvidarse de sus promesas. Creo que en adelante votaré menos por los partidos y por las ideas que representan y más por la mirada de los políticos, por sus programas, así los manden al traste apenas suban y me toque hacer un nuevo acto de arrepentimiento. Apostilla: Felicitaciones por el V Encuentro Departamental de la Cultura.
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